Fernando Viera recuerda con nostalgia su niñez, cuando no había mejor cosa que pasearse por el morro y bañarse en el río cerca de la comunidad de Alto Veracruz en Belo Horizonte, Brasil. Hoy Fernando tiene 43 años y lamenta que la gente haya perdido ese contacto con la naturaleza.
Él lo sabe por experiencia pues también se alejó de ella hasta que hace unos seis años redescubrió la agricultura urbana. Actualmente es un líder de su comunidad y un promotor de la agricultura urbana en Belo Horizonte.
“Mi niñez en Alto Veracruz fue muy feliz. Siempre estaba en contacto con la naturaleza, siempre jugando. De niños salíamos a buscar frutas y a bañarnos. En la huerta de mi cada plantábamos maíz y lo cosechábamos”, recuerda Fernando. “Luego fui a otra zona donde vivía mi esposa, nos conocimos, nos enamoramos y nos casamos y luego vinimos a vivir para acá. Ya hace 20 años de eso, ahora tengo tres hijos Giani (17), Christopher (14) y Gian Francisco (7)”.
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Fernando Viera, agricultor urbano de Belo Horizonte |
Durante años trabajó en diversos oficios, hasta que por un problema de salud le hicieron un trasplante y tuvo que cambiar su rutina, eso lo deprimió profundamente. “¡Me empecé a interesar en las plantas medicinales y sentí que me ayudaba mucho para superar mi depresión. Digamos que la enfermedad me obligó. Ahora todos en la comunidad saben que mi casa se ha convertido en un espacio de referencia al que vienen todos los que tienen problemas y necesitan consejo!”. Hoy Fernando y su familia tienen un pequeña “farmacia en casa”. Con las plantas medicinales que cultivan en su huerto preparan tés, pomadas y jarabes caseros “Siempre estamos ofreciendo a los vecinos alguna planta para un té o una muda para que ellos mismos comiencen a plantar”.
En su huerta Fernando no utiliza agroquímicos “como el Morro tiene muchas piedras, siempre tenemos que agregar materia orgánica, cultivamos en distintos recipientes como baldes, tarros o botellas que juntamos en la calle o que nos traen otros vecinos, preparamos compost buscando utilizar todo lo que tenemos en la casa sin gastar mucho y tenemos muchas hortalizas y plantas medicinales”.
Además de la falta de contacto con la naturaleza, un gran problema de su comunidad es la violencia “Vemos tiroteos, muertes y ya no estamos seguros cuando nuestros hijos salen a la calle”. En la comunidad tampoco hay espacios seguros para que los niños puedan jugar “Afortunadamente, nosotros tenemos una huerta en la que cultivamos y mi patio es un lugar seguro donde mis hijos pueden jugar. Todos disfrutamos mucho de nuestra huerta”.
En Belo Horizonte la agricultura urbana está contribuyendo a cambiar la realidad de muchas familias que pueden experimentar cambios positivos, como fue el caso de Fernando, “Mi esposa Tantinha fue fundamental para que yo cambiara porque fue ella la que buscó este acercamiento a la naturaleza, yo no facilité nada, no quería dedicarme a esto. Ahora le doy gracias Dios que di mi brazo a torcer, ya nunca más estoy triste, ya no soy tan mandón. Sinceramente, ahora me siento como todo un agricultor”.
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