Ideas que están floreciendo en zapatos viejos y en botellas de plástico, que sólo necesitan pequeños rincones de la casa pero que también pueden surgir en lotes abandonados. Estas son algunas de las estrategias que se están utilizando en Bucaramanga para combatir la extrema pobreza y la desnutrición.
Desde hace algunos meses, cerca de 15 mil familias de los estratos 1 y 2 de Bucaramanga le han apostado por conseguir gran parte de su sustento con pequeñas huertas en sus hogares que simplemente les demandan creatividad y dedicación, con el fin de obtener de allí buena parte de sus productos de consumo. El espacio y el tipo de cultivo lo determina cada familia y, luego de un tiempo pueden comenzar a alimentarse de lo que ellos mismos sembraron.
Pese a que en la ciudad muchas de las familias de estratos 1 y 2 pueden dar a sus hijos el desayuno, no todas cuentan con la capacidad para darles el almuerzo o la comida (cena), debido al desempleo y el alto costo de las verduras, las frutas o las carnes. |
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Esta iniciativa beneficiará a muchas familias de escasos recursos |
Según María Leonor Jaimes, Secretaria de Salud de la Alcaldía de Bucaramanga, la llegada del programa de seguridad alimentaria Resa, tanto a comunidades como a colegios, motivándolos a adoptar la agricultura urbana, ha sido fundamental en la lucha contra la desnutrición. “Ya estamos presentes en 9 colegios y en 6 comunidades con huertas caseras, lo que ha traído una mejora en los niveles de vida de nuestra comunidad más vulnerable”, concluyó.
Si bien las huertas caseras mejoran la alimentación y disminuyen los gastos de la canasta familiar, las familias que se han decidido cultivar sus propios alimentos han encontrado una nueva opción de empleo. En un lote de 250 metros cuadrados, Nohora Patricia Méndez encontró la oportunidad de aportar en la economía de su familia a través de un cultivo de tomate. Aunque comenzó con incertidumbre ahora asegura que ha logrado obtener una producción de hasta 300 kilos de tomate. “A los dos meses de sembrado, comenzó a producir y me he dado cuenta de que sí es rentable.
La libra la vendo en $1.500 ya me he ganado mis clientes. Estamos contentos con el programa de huertas porque nos ha ayudado mucho. Nos ha permitido tener ingresos más fijos” afirmó Nohora Patricia. Unos pequeños frascos con etiquetas contramarcadas por Resa y cuidadosamente adornados con papeles de colores, son el empaque de las primeras mermeladas 100% naturales y caseras ‘made in’ Kennedy. Aún no tienen nombre comercial, pero hace algunos días la empresa conformada por varias familias del barrio Kennedy, al norte de la ciudad, hizo su lanzamiento oficial. Una pequeña huerta en los patios de las casas les permitió a María Noemí Ardíz y a otras mujeres de este sector de Bucaramanga empezar con su idea de negocio.
“Ya incursionamos, pero la idea es que no dejemos de comercializar lo que producimos. Por ahora estamos vendiendo en el barrio, pero estamos viendo cómo empezamos a expandirnos”, sostuvo Ardíz. La producción de mermeladas de diferentes sabores, entre las que se destaca la guayaba y la elaboración de sus duraznos en almíbar, comenzó hace seis meses, pero además María Noemí cuenta con una pequeña huerta casera que la abastece de pimentón, perejil, cilantro, lechuga, acelgas, orégano, hierbabuena y valeriana. “Ver que es posible sembrar, producir, procesar y manipular para auto sostenerse y, por qué no, para comercializar los productos cultivados en el patio de la casa”. De esta manera Germán Medina, director del Secretariado Arquidiocesano de Pastoral Social de Bucaramanga, resumió el propósito de las capacitaciones que desde hace meses están ofreciendo a la población más vulnerable de la ciudad. “Primero les enseñamos a la gente a sembrar, sin excusa de no tener terreno, en cualquier lugar y espacio. La meta es lograr que ellos produzcan sus propias hortalizas y aromáticas, e incluso les enseñamos a elaborar el abono que requieren para los cultivos”, agregó.
Pepinos agridulces, cebollas picantes, encurtidos naturales y picantes, salsa de tomate y brevas en conserva, es lo que un grupo de 36 personas del barrio Kennedy ha logrado producir gracias a las cosechas de sus huertas caseras. Myriam Beltrán Mantilla es una de las personas que desde hace algunos meses decidió cultivar varias semillas en algunos espacios de su casa y que ahora ha visto cómo las cosechas le han dado para suplir las necesidades de su hogar y también le están dando la oportunidad de crear una microempresa. “En vez de tener unas matas que no producen nada en nuestras casas, sembrar cilantro, perejil, cebolla y otras cosas ha resultado más eficiente pues nos estamos economizando algunos pesos y no tenemos que salir a la tienda sino que los tomamos de nuestra huerta, además empezamos a construir nuestra propia empresa”, manifestó.
Fuente: http://www.vanguardia.com/santander/bucaramanga/47953-con-agricultura-urbana-bucaramanga-enfrenta-problemas-de-desnutricion
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