A sus 48 años Evarista Cervantes es una de las agricultoras urbanas más entusiastas del huerto Indoamérica, un espacio ubicado bajo las líneas de alta tensión de la zona de Nuevo Milenio en el Distrito de Villa María del Triunfo (Lima – Perú). El área era utilizada como botadero de basura y escombros hasta que en el año 2005 fue recuperado con apoyo de IPES, la Municipalidad de Villa María del Triunfo y la Red de Energía del Perú (empresa privada responsable del transporte de energía eléctrica en Perú).
Su historia es muy parecida a la de tantos migrantes que dejaron sus tierras para venir a la ciudad en busca de un mejor futuro y a los que, desgraciadamente, las cosas no les salen como quisieran. “Vinimos a Lima con mi esposo desde Ambo (distrito alto andino de la provincia de Huanuco ubicada al centro del país) con la idea de educar a nuestros hijos. Pero llegamos y las cosas no eran tan fáciles, para colmo, dos de mis hijas salieron embarazadas y ahora son madres solteras”.
Actualmente vive en una modesta casa al pie de un cerro de piedra y arena junto con su esposo Adolfo, sus seis hijos (Antonio, Abraham, Abel, Sonia, Elizabeth y Sara) y con sus nietos Aldair y Josué.
Casi todos los miembros de la familia trabajan fuera del hogar por lo que Evarista debe quedarse en casa a cuidar de sus nietos y realizar labores domésticas. ¿Y en qué momento puede ir al huerto?, le preguntamos. “Yo siempre me hago tiempo, a veces voy en la mañana o en la tarde cuando hay faena, es algo que me gusta hacer, que me hace olvidar tantos problemas que una tiene. También mando a mis hijos cuando no puedo ir. Puedo sacar mi lechuga, mi choclo, mi papa. Es una ayuda pues” nos responde.
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